EL FÁCIL CAMINO DEL RESENTIMIENTO
Tengo un grupo de amigas con las cuales nos reunimos para hablar de nuestras vidas, nuestros procesos internos y hacemos rituales y pedidos para darnos fuerza y valor para los desafíos de nuestro día a día.
A veces nos perdemos en la conversación en temas superficiales o a veces nos ponemos a reflexionar sobre lo humano y lo profano como las más grandes filósofas de la Humanidad.
En el último encuentro, que se había postergado mucho, por todo eso de las fiestas de fin de año, terminamos hablando de lo difícil que es el tema de la fe, que el resentimiento, la falta de motivación, el sufrimiento.
La tesis es simple: los seres humanos no somos tan tontos, pero superar el sufrimiento requiere de cierta fuerza de voluntad y es difícil - en un mundo lleno de ruido, negatividad y violencia - vibrar positivamente.
Es decir, la violencia, el enojo, el deseo de venganza, el rencor, son emociones tan negativas como sencillas. Es extremadamente sencillo volcar la frustración, la tristeza y el fracaso en un rulo de culpabilidad centrífuga o centrípeta. Porque, o es el mundo el malo, o yo soy el fracaso. Entonces sentirnos deprimidos, tristes, desesperados, o enojados, por su facilidad nos parece justo y natural. Nos parece bueno.
Sin embargo, salir de esos estados negativos requiere de un esfuerzo, de una decisión consciente. De cierto compromiso con la paz interna, con el equilibrio o con la amabilidad.
Mi tesis es que la forma de poder ejercer ese esfuerzo solo puede sostenerse con la fe, con la certeza de que toda pérdida y fracaso es para mejor, con el apoyo de alguna Fuerza Superior. Que superar la contradicción y el resentimiento es una elección y que pedir ayudar a Dios, el Universo, un Guía es la mejor manera de obtener la fortaleza para seguir por ese camino (que desafía la fuerza de gravedad, de ahí su dificultad). Que al saber pedir, tenemos respuestas y esas respuestas, tal vez no nos hagan más millonarios o famosos, pero nos dan la paz y la serenidad, la alegría y nos pone alertas a los milagros.
La invitación, entonces, es a conectar con la fuente de lo Sagrado, para que nos guíe por el mejor camino, por difícil que este sea.
Abrazos y mucho afecto.
Gracias por leerme.
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